Hace calor, mucho calor. Tenemos césped artificial en nuestro jardín y respiramos tranquilos porque no tenemos los quebraderos de cabeza del césped natural. No tenemos que preocuparnos por el agua. Es cierto, pero… no hay que descuidarlo. Que necesite muy poco mantenimiento no quiere decir que no requiera de algunos cuidados. Y en verano, dedicarle un poquito más de cariño. Sólo un poco.

Como normas básicas tenemos:
Con un buen mantenimiento, el césped artificial mantiene el mismo aspecto y calidad que el primer día
• Cuando el calor aprieta mucho se recomienda refrescarlo durante un par de minutos con la manguera. La frecuencia dependerá del tipo de césped instalado, de su calidad, altura del filamento y su densidad: algunos transmiten más sensación de calor que otros.
• Además, como norma general se recomienda rastrillarlo o barrerlo para eliminar partículas de polvo, elementos que transporta el viento (hojas, pequeños animales, suciedad) o pelo de mascotas. También dependerá de cada caso: de si hay árboles cerca, animales, zonas polvorientas. En condiciones normales, con hacerlo una vez cada 20 o 30 días habría suficiente.
• Si se derraman líquidos, restos de alimentos, deposiciones de animales, barro… también se recomienda limpiarlo cuanto antes mejor. Se puede utilizar sin problema agua con jabón e incluso agua a presión.
Ya a medio plazo, una vez al año, hay que tener en cuenta que:
• Si hay un exceso de humedad, o simplemente como precaución, hay que aplicar un fungicida para evitar la proliferación de hongos.
• Si se ha colocado el césped sintético sobre una base natural, pueden aparecer malas hierbas, por lo que también se recomienda utilizar un herbicida.
• Finalmente, la arena de sílice que se suele colocar debajo del césped artificial puede moverse ligeramente a causa de la lluvia intensa o el tránsito frecuente de gente. En este caso, con un cepillado intenso debería haber suficiente. En casos especialmente intensos, puede que haya que lastrar la superficie.
El césped artificial tiene una vida útil que puede llegar a los 10 años. Con un buen mantenimiento, que en este caso es mínimo, mantendrá prácticamente el mismo aspecto y calidad que el primer día.